
Sigo sobrio, es decir, sigo tímido e inerte; los amigos siguen bailando y los cigarros se van acabando y es necesario, urgente, ir por otros y aprovechando el viaje, comprar más cerveza. Él permanece a mi lado acariciando mi espalda y tocándose la entrepierna; comenzando a tener sexo mediante la imaginación. Suprime el orgasmo, olvida el fin, coger debe ser infinito como la búsqueda del amor.
Es la novena cerveza y comienzo a prenderme, creo que no es justo hacerme esperar tanto tiempo, comienzo a mirarlo con desesperación –la dignidad se va por la tangente- creciente. Te obligo a que me acompañes al baño, entro y me enjuago la boca, mojo un poco mi cabello para que al menos no me vea tan borracho y se te antoje tirar de él provocando gritos que alboroten tu erección; interrumpes y me dices que me haga a un lado, orinas con naturalidad y sacudes tu miembro frente a mí sugiriendo algo de sexo oral, preparándome vuelves a interrumpir exigiendo algo de dinero, me levanto y saco 100 pesos de la bolsa, los niegas rotundamente pidiendo más; no alcanzo tu precio y, en un movimiento para regresar mis billetes a la bolsa, cae un billete de $50 pesos al escusado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario